El lugar de trabajo no es el lugar ideal para desarrollar ideas creativas. Y es que la musa de la creatividad parece visitar a la mayoría de publicitarios fuera de la oficina. Así se desprende de un estudio desarrollado en Alemania por IQudo.
Según el informe, el 93,6% de los empleados de agencias de publicidad afirma tener sus mejores ideas creativas lejos de su mesa de trabajo en la oficina.
La ducha y la bañera son los lugares preferidos para encontrar inspiración para el 13,5% de los consultados. Les sigue la cama o el sofá, con un 12,1% y el WC, con un 9,9%. El footing y el deporte en general desatan la creatividad del 7,1 y el 5% de los encuestados respectivamente. Sólo un 6,4% de los creativos dice sentirse inspirado en la oficina.
El principal motivo por el que la creatividad no halla territorio propicio en el lugar de trabajo es, según el 36,7% de los consultados, el estrés. En la ausencia de inspiración en la oficina influye también la distracción que ejercen los jefes y los compañeros de trabajo (23,5%). El 14,2% de los encuestados apunta incluso que la creatividad es algo mal visto en algunas agencias. Otro 9,3% dice no divertirse en el trabajo, lo cual corta las alas a su imaginación.
IQudo entrevistó para la realización del estudio a 534 trabajadores de agencias de publicidad de entre 18 y 65 años.
Aquí os adjunto estas imágenes creadas para diferentes campañas sociales... y aunque en algunas de ellas dudamos si hay photoshop o no (en la mayoría es obvia), la verdad es que tanto la idea como el resultado son espectaculares. Aquí tenéis un par de ejemplos, pero podéis verlas todas en
Una vez más, me veo metido en un copia/pega, en esta ocasión desde Reflexiones 2.0 (http://mcimino.wordpress.com/) un blog interesantísimo sobre Marketing, Comunicación, Gestión, Marcas, etc...
Hace tan solo unas semanas comentaba con un cliente la importancia de la estrategia y de la definición de un plan antes de abordar cualquier iniciativa de marketing en la empresa.
Muchas, demasiadas veces nos encontramos en situaciones en las cuales el cliente espera de nosotros que concretemos las acciones y el formato que vamos a utilizar incluso antes de sentarnos y hablar de los objetivos, de cuales son sus expectativas y de empezar a trabajar los elementos básicos de comunicación (la marca, su personalidad, nuestro target, etc..).
Cuantas veces nos hemos encontrado en situaciones en las cuales el cliente nos pide un boceto gráfico de su web, una maqueta navegable de su microsite, un documento de arquitectura de contenidos como parte integrante de una propuesta de trabajo u oferta, posiblemente con el objetivo de validar nuestra capacidad; saber si estamos a la altura de sus expectativas.
Y cuantas veces la sensación de que estamos muy cerca de ganar un nuevo reto nos ha hecho caer en esta trampa! Hemos trabajado de forma superficial y con la mitad de la información necesaria para complacer a nuestro cliente y compensar (posiblemente) su incapacidad de abstracción; su dificultad de entender que detrás de nuestras explicaciones de cómo lo íbamos a hacer se hallaba su campaña, su logo, su web, su identidad de marca.
No me cansaré de repetir que las cosas hay que construirlas según un orden. No es posible diseñar una web, plantear una campaña, pensar en un microsite si previamente no hemos analizado lo básico: quienes somos, qué hacemos y a quien le importa! En definitiva, sin tener clara nuestra identidad de marca.
Necesitamos definir nuestros atributos y nuestra personalidad, analizar los distintos segmentos a los cuales nos dirigimos para construir los “raíles” sobre los cuales deslizará nuestra actividad de marketing (on y offline).
Nada debe dejarse al caso, no hay espacio para la creatividad sin que en todo momento validemos si lo que estamos haciendo es coherente con nuestra identidad.
Eso: coherencia. Coherencia y sentido común. Son los ingredientes necesarios pero no suficientes para que obtengamos buenos resultados de nuestras acciones a medio y largo plazo. Sin coherencia con la marca corremos el riesgo de crear falsas expectativas en nuestros consumidores; de transmitir un mensaje que no se ajusta con nuestros productos y servicios. Corremos el riesgo de no cumplir con la promesa que hicimos cuando nos dirigimos a sus puertas para ofrecer algo que prometimos que sería inolvidable!
Un ejemplo de lo que os estoy contando?
Supongamos que yo soy un consumidor medio, 37 años, casado con 1 hijo, trabajo en el departamento de compras de una empresa media, con unos ingresos de 32.000 € brutos anuales, llevo coche desde hace más de 15 años y mi historial de accidentes es limpio. Por cierto, tengo un vehículo de 2 años de antigüedad, de precio medio/alto; digamos un VW Golf. (el target perfecto para una compañía de seguros).
Un día a principios de 2009, sentado en el sofá al lado de mi mujer (en Prime Time).. cuando en Televisión Española todavía ponían publicidad, me llama la atención un anuncio nuevo, diferente!
De repente voy a buscar el ordenador portátil de mi maletín. Mientras lo enciendo (vaya rollo, desde que me lo dieron cada vez que intento “hibernarlo” se me cuelga y así me obliga cada vez a apagarlo, perdiendo así parte de mi valioso tiempo!) ya estoy imaginando las tremendas ventajas de pertenecer a La Mutua.
La cantidad de servicios, un pin de socio, una tarjeta con mi foto e incluso un portadocumentos de piel con el logo de La Mutua para guardar la documentación del coche. Un llavero codificado para que si pierdo las llaves del coche, simplemente dejándolas en un buzón de correo me las devuelvan a casa!! Siiii
Ya estoy.. me voy a la web y ...
... descuento 50%? vente a La Mutua y paga la mitad? hasta 25% de descuento? 40% de descuento en seguro de hogar? pero…
Paul Beelen desde su bolg (http://www.paulbeelen.com/blog/) nos ilustra con el siguiente post:
En nuestro rubro, casi a diario hablamos de ‘El Mercado’, pero a menudo se nos olvida de donde viene ese término. El mercado, originalmente, fue justamente eso: un mercado en una plaza en el centro de una ciudad o un pueblo. Cuando un campesino tenía un pollo para vender, se iba al mercado, donde se encontraba con alguien que tenía hambre, y se concretaba la transacción. El marketing, en este caso, se limitaba a simplemente gritar algo así como ‘¡Hay pollo!’.
Ahora, muchos deben recordar lo qué pasó con el mas reciente disco de la banda Radiohead, llamado In Rainbows. La banda decidió vender el disco a través de la web, sin intervención del sello discográfico. La audiencia entra al sitio web de la banda, decide cuanto está dispuesto a pagar por el trabajo (desde USD0 hasta infinito), y lo descarga. El promedio que se pagó por el disco es, según la banda, 7 dólares. Muchísimo en un mercado (ja!) donde el estándar es que el producto sea gratis. Pero en realidad, esta audiencia pagó con algo mucho más valioso que estos 7 dólares. Para descargar el trabajo, había que entregar algunos datos personales como nombre, email, etcétera. Eso fue el precio que se pagó por el disco. Adivinan como esta banda va a promocionar su próximo trabajo. Teniendo identificados a los mejores fans (y a los no tanto) bastará gritar algo así como ‘¡Hay música!’
Hoy, la web es el nuevo mercado. La web es donde se encuentra la oferta con la demanda, y la web es donde se lleva a cabo la transacción.
¿Podríamos decir que la tecnología nos está permitiendo volver al modelo de mercado de la época pre-industrialización? Tal como para Radiohead quedó obsoleto toda la estructura que se inventó para masificar la música, creo que vamos a ver cada vez mas mercados donde el marketing juega un rol muy diferente. Y por cierto, la agencia también.